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Pequeña anécdota de la vida cotidiana

 Hace un días estaba yo chateando, como usualmente hago a través de MSN, cuando una amiga me manda una canción cantada y compuesta por ella misma, pidiendome que la escuche y le diga mi parecer. Dada la naturaleza del pedido y por la forma tendenciosa de enviarmela pude determinar que realmente no me estaba pidiendo una opinión sino que su objetivo era el lograr alguno de estos tres puntos:

 1. Que yo escuche su canción.
 2. Que yo (y todos) sepa (sepamos) que está componiendo, para sentirse bien y orgullosa de sí misma (Causa y consecuencia).
 3. Obtener una alabanza hacia su creación, para sentirse bien y orgullosa de sí misma (Causa y consecuencia).

 Realmente, lo enviado no me gustó. Me puse a pensar en las dos opciones que me quedaban:

  1)Decirle que su música distaba mucho de ser amigable para mis oídos.
  2) Decirle lo que ella quería escuchar.

 Lo malo es que si tomaba la primera opción podían pasar varias cosas:

 1) Que se sienta golpeada y triste; alicaída, contribuyendo yo a una etapa de frustración de la que pudiesen salir varias variantes (en las que no me voy a meter).
 2) Que se enoje.
 3) Que me mande a la mierda omitiendo mi opinión.

 En ese mismo momento recordé los versos de Charly García de cierta canción de su disco "pirata" Kill Gill:

Y cada vez que pedimos perdón teniendo la razón, 
por descomposición, tratando de agradar

nos hacemos daño.

Llevados a mi situación la letra se puede reformular de otra manera: el mentir va en contra de mi naturaleza y condición, y por tanto, no es un acto salubre ni bueno. 
Por otro lado, todo artista o en vías de serlo debe chocar contra la crítica y superarla, ya sea aceptándola y teniéndola en cuenta para sus posteriores obras u omitiéndola completamente

 Ya pensado este último razonamiento me decidí a ser sincero para con ella y su canción y así fue la conversación:
 - No me gustó, che.
 - Por?
 - No sé, pero no me gustó. Quizás me parezca un poco artificial y plástica, pero de todas formas no soy músico ni tampoco tengo las competencias como para darte una crítica fundamentada.
 - OK.

 Se enojó... En ese mismo momento me acordé del Mio Cid campeador, donde el Rey solo escuchaba a aquellos súbditos que le eran mentirosos y aduladores, mientras que aquellos que decían la verdad y le expresaban sus críticas verdaderas y en pro del reino eran mandados al exilio.

César Gonzales: Un poeta y escritor desde la cárcel


ASÍ ES EL VIEJO OFICIO DEL POETA


En marzo, recuperó la libertad y de inmediato se inscribió en la Universidad de Buenos Aires para cursar la carrera de Filosofía. Hoy se define, sin rodeos, como “poeta” y reconoce el modo poco ortodoxo en que descubrió su nueva profesión: “Necesitaba materializar tanta necesidad de desahogarme, darle forma a todo eso.

Empecé a escupir en una hoja sin saber bien qué nombre tenía eso que estaba escupiendo”. Honestidad brutal, sin dudas. A pesar admitir que no es un especialista en poesía, supo elegir importantes plumas como punto de partida para su producción propia.

“Mi referente es Oliverio Girondo. Fue un revolucionario, se atrevió a hacer un lindo quilombo con el estilo poético y diciendo cosas interesantes. Después te puedo nombrar un poco de García Lorca, un poco de Bukowski y mucho de la poesía de Los Redondos.

El Indio Solari es una gran influencia para mí”, relató enumerando a sus autores favoritos elegidos bajo un criterio sumamente ecléctico. La literatura le llegó por mera casualidad.

“Los libros entraron en mi vida gracias a Merok, un mago que daba cursos en los institutos de menores de Capital. Él enseñaba en el taller venciendo prejuicios e indiferencias adentro de los pabellones.

Nos enseñaba un truquito y nos hablaba de Rodolfo Walsh, del “Che” Guevara, de Eduardo Galeano, de los Túpac Amaru”,
describió el rito inciático que lo acercó a la lectura.

Luego, comenzó a agregar nuevos títulos y autores bajo su propio discernimiento. Es consciente de que “si no fuera por la literatura, ya estaría muerto y sería un número más en los legajos policiales”.

También que para él antes de tener este trato íntimo con los libros, si le consultaban quién era Rodolfo Walsh, hubiera respondido “un jugador de fútbol”. Además, plantea como una solución posible para prevenir acciones delictivas “inundar de cultura la villas”. Planteo razonable y para tener en cuenta.






¿Fuerza de voluntad o Infierno?