Salvación - Alejandra Pizarnik



Se fuga la isla.
Y la muchacha vuelve a escalar el viento
y a descubrir la muerte del pájaro profeta.
Ahora
es el fuego sometido.
Ahora
es la carne
la hoja
la piedra
perdidos en la fuente del tormento
como el navegante en el horror de la civilización
que purifica la caída de la noche.
Ahora
la muchacha halla la máscara del infinito
y rompe el muro de la poesía.













Mi Hada


Tengo en mi cama una Venus en llamas, La Gioconda de Vega, a Julieta enamorada.
Tengo en mi lecho un lienzo de seda, el ring de Bonavena, un Artaud de dos plazas.
Tengo en la alfombra un gato persa, tres velas y a Campanita enjaulada.
Tengo en la mente una comedia de Shakespeare, a Werther, un mito de Ossian.
Tengo en el pecho a Eva, a Rembrandt, a Goethe, a Hesse, a Frida.
Tengo en la puerta un Laberinto, un tinto, una rima de Miguel Ángel.
En mi Babilonia yace Polifemo, Dionisio y, vestida de blanco, mi Hada.

Mártires del mañana


Y sobre el mar ya se apresta un coro de sirenas. Los siete que quedamos levamos anclas bien cargadas y desechamos las redes intelectuales entre los hombres de la taberna. Miguel, siempre contento, carga el fusil que se ciñe como una flecha con veneno y tararea despacio La Canción del Libertador. Las sirenas se acercan y la bárbara espuma como grotescos pensamientos choca contra la proa del buque. El fénix realza su canto y la barca se eleva mientras Miguel grita Tierra, mientras los hombres clavamos espuelas y como aquel general Güemes levantamos la bandera de la aurora, ya caliente e inmortal entre las olas que pululan en las costas. Nos gritaron locos aquellos pobres borrachos, y lo veo a Manuel con una sonrisa desencajada y el grito patrio en la quijada.
Quedan lejos los arrabales y los mártires combatientes del ocaso dictador. El fénix abreva la barca y carga los fusiles. Se reza La Esperanza, se leva el ancla, canta su canción el cañon y, de golpe, notamos garfios, un dolor en el pecho y la sonrisa de Miguel se hace carcajada.


Zummm...

¡Zuuuuuum! Pasó el sistema (se fue a la mierda).
¡Zuuuuuum! La molécula compuesta de átomos minúsculos también trabaja.
¡Puag! Todo. Todo.
El problema de la teoría es la distancia que lleva inmersa en la práctica.
El problema de la conjetura es que siempre supone una desviación, por minúscula que sea: sea Dios, el arquetipo, o el sabio Demiurgo; todo pasa.
Y ¡Zuuuuuum! Cayó el sistema.
Y ¡Zuuuuuum! Explotó la bomba; todos callan. Las miradas siguen, pasan de largo. Llevan sus cinturones bien puestos y el paraguas en la mano. Las piedras caen y ellos se refugian en su plástico . ¡Lo ven! Yo sé que lo ven, pero…
Y ¡BUM! Ya cayó, ya inmortal, ya yace en el pasto el arte. Se descompagina en múltiples fragmentos: espectro de colores. ¿Quién supone rayos ultravioletas en él? Nadie, nadie, nadie, (todos). Árbol joven cortado, apoyado en el árbol viejo y hueco: Caen juntos: uno por su corte, aquel por el vacío, por su muerte.
Y ¡Zas! Amalgama de locuras. Todos fríos, miradas perdidas. “¡Dios a muerto!”, gritan, (pero lo saben: murió hace tiempo). “¿Qué dices? ¡Estúpido, calla!”... el arte, el siempre salvaje arte, fénix, sabia del hombre, fruto del logos. Un Ayax muerto para esplendor del público; aplausos, gritos y mucha esperanza. Y el mar que ya no sufre, se despedaza, se rearma: son moléculas de agua…
El río pasa… siempre el mismo río ¡Qué sabrán! Creo en mi absoluto, en mi alma dominada, sin dudas, autoritaria alma, vagabunda... salvaje… salvaje alma.

“Che, ¿Cómo estás?”, me preguntás. Y yo te digo que bien, que el fénix va naciendo, le faltan plumas y ese dorado intenso; le falta coraje y huevos; un poco de vino, de locura (¡Lunática ambrosía!); y sobre todo… Compañeros.

El ladrón de caridad



1998. Sudán. Campamento de refugiados de Ajiep. Más de 100 personas mueren al día esperando una ración de arroz que llevarse a la boca. La peor y más ignorada crisis de hambre de la historia del país africano está en su punto álgido. La comunidad internacional, después de meses de desidia, consigue introducir ayuda en el país. El fotógrafo británico Tom Stoddart acompaña a una unidad de Médicos sin Fronteras hasta el campamento. Allí, en una de las interminables colas para recibir la caridad, capta la imagen de un niño lisiado mirando desconsoladamente a un adulto con una bolsa de cereales. La fotografía no cuenta que, cinco segundos antes, ese adulto había arrancado la bolsa de las manos del pequeño. El fotógrafo fue acusado de pasividad, recordando tristemente la historia de otra trágica fotografía.




Sudán es uno de los 20 países que concentran el 80 por ciento de la desnutrición de las personas menores de 5 años.
Las consecuencias de una nutrición insuficiente "en especial en mujeres embarazadas y menores de 2 años- son para toda la vida, se transmiten de generación en generación y son irreversibles. La nutrición pobre causa atrofias corporales y discapacidades mentales, conduciendo a reducir la potencialidad del éxito educativo y laboral.