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El porqué, el qué y el cómo se iban apartando para dejarle paso al es y la mente en lupa.
Los globos (literales) lo acervaban a irse, nadie sabía del enfermizo anacoreta al que
¡Hados de los vados! Que maravillosamente míticos e interpretitos. Inopia Inocua se reía de su insensatez.
¿Cuándo muera, reirá como ella? Las curvas seguían pasando y Él miraba las uñas largas de los árboles semidormidos y tristes.
Sandokan el de Malasia gruñía bajo su asiento, salmoneaba El Corsario Negro entre las sabanas de tierra. Lucanor lloraba por los malos consejos de Sancho y la xenofobia seguía rodando sin piedras de roca.
¡No! Craulo nunca iba a bailar esos compases, nunca entendería la diferencia entre inmanente y trascendente, más, se podría reir de ello en un plazo relativamente pequeño.
Ares jugaba al ajedrez con Lucifer apostando poder, y el Tártaro le lloraba a Loki para que lo acepte tal como era.
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